El secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón se aferraba a una duda razonable y se encontró con una derrota aplastante.
Genaro García Luna estaba desencajado. Nunca se le había visto tan nervioso en el juicio. A las puertas del momento que lo definiría todo, ya no había espacio para las apariencias.
El acusado entró escoltado por dos guardias tras esperar durante casi seis horas que se decidiera su destino. Como antes de cada audiencia, mandó besos a sus dos hijos y a su esposa, Cristina Pereyra. Esta vez, el ritual fue mucho más corto. Nadie sabía qué iba a pasar, con excepción de 12 ciudadanos de Nueva York que, hasta hace poco más de un mes, nunca habían oído hablar del secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, del arquitecto de la guerra contra el narcotráfico, del superpolicía ambicioso, todopoderoso y temido. El exfuncionario se aferraba a una duda razonable y se encontró con un veredicto aplastante. Fue declarado culpable de los cinco delitos que pesaban en su contra. Un fallo histórico.