La administración de Donald Trump busca redirigir su enfoque de los recientes ataques militares a un nuevo acuerdo diplomático con Irán sobre su programa nuclear. Sin embargo, todo dependerá de una evaluación final de daños realizada por el Pentágono y la comunidad de inteligencia estadounidense, que determinará qué se logró mediante la ofensiva militar y qué objetivos deben alcanzarse a través de la vía diplomática.
Según el informe del Inspector General del Departamento de Justicia, el enviado especial Steve Witkoff utilizará esa evaluación —que incluirá daños en instalaciones clave y movimientos de material nuclear— como base para formular una estrategia que impida que Irán desarrolle capacidades nucleares con fines militares.
Aunque el expresidente Trump declaró que el programa nuclear iraní fue “completamente destruido”, evaluaciones preliminares de inteligencia contradicen esta afirmación. Según la Agencia de Inteligencia de Defensa, los ataques no afectaron los componentes críticos del programa, lo que ha generado divisiones en el Congreso sobre su efectividad.
Expertos y exfuncionarios coinciden en que la destrucción de instalaciones no implica la erradicación total del programa nuclear, ya que persisten conocimientos técnicos y redes humanas que podrían permitir su reconstrucción.
El papel del OIEA, más relevante que nunca
Para lograr un acuerdo sostenible, especialistas insisten en que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) debe recuperar el acceso pleno a las instalaciones nucleares iraníes. La suspensión de la cooperación por parte de Teherán tras los ataques complica ese escenario.
Antes del acuerdo de 2015, el OIEA tenía un monitoreo limitado. Pero tras su implementación, se estableció una vigilancia 24/7 con inspectores permanentes y acceso a sitios sospechosos. Este mecanismo fue abandonado cuando EE.UU. se retiró del pacto durante el mandato de Trump.
Recientemente, Irán acusó al OIEA de facilitar los ataques al publicar reportes críticos justo antes de las operaciones militares, lo que derivó en una nueva suspensión de la colaboración. Además, en años anteriores Irán ya había limitado el acceso, incluyendo el retiro de cámaras de vigilancia en instalaciones clave.
Hacia un nuevo acuerdo
Para que las negociaciones avancen, se deberán tomar medidas concretas como destruir lo que reste del programa nuclear, monitorear futuros desarrollos, y declarar públicamente las capacidades en uso. Sin inspectores sobre el terreno, la comunidad internacional enfrenta una falta crítica de información sobre el verdadero estado del arsenal iraní.
Laura Holgate, exembajadora ante la ONU en Viena, señaló que el OIEA necesita establecer una nueva línea base de verificación, algo que solo será posible con la cooperación de Teherán y con el tiempo necesario para una inspección exhaustiva.
Aunque funcionarios estadounidenses han indicado que parte del uranio enriquecido no fue retirado de las instalaciones antes de los ataques, existen dudas. El OIEA advierte que podría haberse movilizado parte del material sensible, lo que añade urgencia a la verificación internacional.
Un proceso que tomará tiempo
La evaluación final del daño causado por los ataques podría tardar semanas, según fuentes del Pentágono. Mientras tanto, la administración Trump busca reabrir las negociaciones con Irán, con un enfoque técnico que permita establecer parámetros claros y verificables para un nuevo acuerdo nuclear.
“Es un momento crítico para plantear términos firmes, basados en una comprensión real de las capacidades residuales de Irán”, advirtió Beth Sanner, exsubdirectora de Inteligencia Nacional. “Solo así se podrá construir un acuerdo que realmente garantice que no se desarrollen armas nucleares en el futuro”.