Las recientes incautaciones de más de un millón y medio de litros de hidrocarburos en dos instalaciones de Veracruz dejaron al descubierto algo más grave que el robo de combustible: la normalización del huachicol en estructuras industriales disfrazadas de legalidad, que operaban desde hace años sin mayor vigilancia real.
Las dos plantas, ubicadas en Moloacán (al sur del estado) y en Las Vigas de Ramírez (a una hora de Xalapa), contaban con permisos ambientales vigentes, presentaron Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) e incluso fueron inspeccionadas por la Profepa, autoridades de Protección Civil e integrantes del Ejército, mucho antes de que fueran aseguradas por su presunta participación en el tráfico de hidrocarburos.