Testimonios estremecedores revelan el trato cruel que migrantes están recibiendo dentro de centros de detención en el sur de Florida. Encadenados, arrodillados, comiendo sin manos de platos de unicel “como perros”, así describen detenidos las condiciones a las que han sido sometidos en instalaciones migratorias de ese estado.
Uno de los testimonios más duros asegura que los agentes obligaban a los detenidos a permanecer encadenados con las manos a la espalda y que, cuando finalmente se les permitía comer, debían agacharse frente a sus sillas y comer con la boca, sin usar las manos. “Nos trataban como si no fuéramos humanos”, aseguró uno de los migrantes entrevistados.
El reporte —basado en entrevistas con personas actualmente detenidas o recién liberadas, así como familiares y abogados— documenta escenas de hacinamiento extremo, celdas frías sin acceso a duchas, baños sucios y sin condiciones mínimas de dignidad. En uno de los centros, una mujer relató que el único baño disponible estaba cubierto de excremento y que, a pesar de suplicar para poder limpiarlo, los custodios solo respondían con sarcasmo.
La negligencia médica también fue un patrón recurrente. Personas con diabetes, asma, cálculos renales y otros padecimientos crónicos denunciaron que les quitaron sus medicamentos y les negaron el acceso a atención médica. En un caso, una mujer con cálculos biliares colapsó tras varios días sin tratamiento. Luego de ser operada de emergencia, fue devuelta a su celda sin analgésicos ni supervisión médica.
En otra situación, una mujer dominicana que había sufrido un ataque fue deportada repentinamente luego de manifestar su intención de denunciar lo que había vivido. En otro caso más grave, una haitiana de 44 años se desplomó y murió tras no recibir atención oportuna.
Además del maltrato físico y la negligencia, también se registraron represalias contra quienes solicitaban ayuda, especialmente por salud mental. Detenidos en varios centros narraron que quienes pedían apoyo psicológico eran aislados en celdas solitarias durante semanas como castigo, lo que generaba un clima de miedo y silencio. “Si pides ayuda, te aíslan. Si lloras, te castigan. Así que la gente prefiere quedarse callada”, relató una mujer.
A esto se suma la sobrepoblación. Desde enero, con el regreso de Trump a la presidencia, la cantidad de personas detenidas en estos centros ha aumentado un 111%. Actualmente hay más de 2,500 migrantes retenidos en condiciones denunciadas como insalubres, inhumanas y peligrosas.
La violencia institucional y la deshumanización parecen ser moneda corriente en estos centros. Lejos de ser excepciones, los abusos documentados parecen formar parte de un sistema roto que ha normalizado el sufrimiento de miles de personas que solo buscan una oportunidad para vivir con dignidad.